* Contra todos mis pronósticos Gabino Cué, ganó la elección a gobernador en Oaxaca, es desde hoy nuestro gobernador electo, aunque me pese. Y bueno hay que saber perder así que le mando a la abuelita, un fuerte abrazo y una felicitación por el triunfo de su nieto que por fin, después de nueve años de berrinches y necedades, llegó a donde quería llegar.
Alejandro Leyva Aguilar
Contra todos mis pronósticos Gabino Cué, ganó la elección a gobernador en Oaxaca, es desde hoy nuestro gobernador electo, aunque me pese. Y bueno hay que saber perder así que le mando a la abuelita, un fuerte abrazo y una felicitación por el triunfo de su nieto que por fin, después de nueve años de berrinches y necedades, llegó a donde quería llegar.
Me llama la atención la elección de ayer que, mientras en otros estados de la República favoreció casi contundentemente al PRI, en Oaxaca fue aplastante la derrota del tricolor. No cabe duda que los oaxaqueños vamos en sentido contrario a los destinos del país. El PRI fue el gran ganador de la elección de 2010 y sin embargo en Oaxaca, mientras todo el país regresa a “lo malo conocido”, aquí le apostamos a “lo bueno por conocer” y ya lo dice el dicho.
Escuchaba hoy muy temprano la entrevista que le hizo Carlos Loret de Mola a Gabino Cué y escuchaba ese discurso repetitivo sobre el porqué de la Alianza APPO (PAN-PRD). Decía Gabino, es que coincidimos (ambas fuerzas políticas), que en Oaxaca había temas pendientes que no podían solucionarse sin la alternancia.
Yo particularmente no creo en que la motivación de una Alianza entre la Izquierda radical y la Derecha ortodoxa, solo porque “en Oaxaca hay temas pendientes que no pueden solucionarse sin la alternancia”, más bien creo que esa mezcolanza de fuerzas políticas fue –y dicho sea de paso, efectiva- una herramienta para acceder al poder. Se tardó nueve años, pero finalmente ahí estará, gobernándonos.
El experimento les salió muy bien y no es para menos el reconocimiento que César Nava y Jesús Ortega, deben hacerle al nieto de la abuelita, porque les ha abierto el camino para que en 2012, no le regresen el poder al PRI porque, está visto y comprobado que un solo partido político, por sí solo, no vence a los priístas.
Aquí mismo en Oaxaca era insultante ver la diferencia de votos entre el PRI y los demás partidos políticos. Si hubiesen ido solos, como la ideología lo establece, el triunfo priísta en Oaxaca hubiese sido inobjetable, como inobjetable es la derrota a estas horas del lunes 05 de Julio.
Lo malo
Los oaxaqueños no nos hemos dado cuenta por lo que votamos. Si bien Flavio Sosa, después de la aplastante victoria de la Alianza APPO no va a ser Diputado, hay otros actores políticos que estarán presentes en la vida diaria de los oaxaqueños y, me cae, no son los mejores.
Votamos por la permanencia en el poder de José Murat, que a medio día del domingo en el Colibrí, festejaba la derrota del partido que lo hizo gobernador y también votamos por los funcionarios corruptos de su gobierno como aquel director de Caminos y Aeropistas de Oaxaca de nombre Luis Enrique cuyo fraude al erario fue escandaloso.
Votamos por el regreso de los juniors, como aquellos Candiani que en un tiempo salieron huyendo de Oaxaca por un fraude millonario en la administración del Parque Industrial de Magdalena Apasco.
Votamos por la reelección de Diódoro Carrasco quien será el que gobierne nuevamente la entidad, con todo y su aparato de burócratas inútiles.
Votamos por la regresión, por la intolerancia, por una mezcla amorfa de ideologías cuyo rumbo es incierto.
Votamos a favor de la oligarquía oaxaqueña esa que es dueña de nuestro patrimonio, que controla la economía y que está acostumbrada a las dádivas para mantener al pópulo en calma.
Votamos por un priísta de la más vieja y jurásica estirpe, de aquella que estaba acostumbrada a gobernar Oaxaca con dinero a manos llenas porque el PRI también gobernaba a México.
Votamos por un priísta que nunca ha trabajado desde la oposición porque cuando los vientos políticos cambiaron, también viró el timón en el mismo sentido y se cambió de partido para estar siempre pegado a la ubre presupuestal del Gobierno Federal.
Votamos por Gabino Cué, el nieto de la abuelita y coronamos al Frankenstein.
Lo bueno
Lo mejor de la jornada electoral en Oaxaca, lo excelso, lo memorable, lo indiscutible, lo contundente, es que un 56 por ciento del padrón electoral salió a votar. Eso es un ejemplo de civilidad nacional.
El porcentaje con el que Gabino ganó la elección, es lapidario para el PRI y eso también es bueno porque no hay lugar a impugnaciones o a acciones de violencia postelectoral, no hay razón para ello porque el mandato popular fue contundente.
Lo bueno es que con los resultados de la elección, el magisterio oaxaqueño y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que postularon a Gabino desde el PRD o desde el partido que haya sido NO VAN A TENER MÁS LA JUSTIFICACIÓN PARA BLOQUEAR CALLES, CERRAR COMERCIOS, DESQUICIAR Y SECUESTRAR LA CIUDAD, porque su “jornada de lucha contra el terrorismo de estado”, surtió efecto.
Ya no va a haber paros magisteriales, ni marchas, ni plantones, ni barricadas, ni violencia… al menos esa es la lectura porque ganó el candidato del magisterio y de la APPO. Y si eso es bueno para Oaxaca, pues bienvenido.
Lo paradójico
Eso lo vamos a ver el primero de diciembre cuando el Presidente “Ilegítimo” Felipe Calderón del PAN y el “legítimo” Andrés Manuel López Obrador del PRD, le levanten ambos la mano a Gabino Cué, el Frankenstein Coronado.







