“Caminando por Alcalá…” EL PADRE SOLALINDE…

“El inmigrante no es el culpable de la crisis, es su víctima más vulnerable”. María del Consuelo Rumí Ibáñez.

Daniel Sempere.

Se denomina migración a todo desplazamiento de personas que se produce desde un lugar de origen, pasando por uno o varios lugares de tránsito, a otro destino,  y es alentada por variables como: la deplorable situación económica, social, política, académica e incluso climática, de un estado, un país o una región.
Y es que, aunque el principal motor que impulsa las migraciones en los seres humanos es la búsqueda apremiante de mejores condiciones económicas, a fin de que ello se traduzca en un incremento inmediato del poder adquisitivo y, con el tiempo, en una constante y consistente mejoría del nivel de vida de las personas; por otro lado hay quienes migran al encuentro de un mejor entorno social para ellos y sus familias, algunos más lo hacen en su deseo de una mejor preparación académica, unos cuantos por prescripción médica, y otros recurren a ella como la única alternativa ante las cada vez más frecuentes y estruendosas variaciones en el clima, -cobijados bajo el soberbio argumento de: “Se está acabando el mundo”, cuando en realidad quienes nos vamos a acabar somos nosotros mismos al destruir el lugar que habitamos, si a la brevedad no se toman acciones sólidas para reparar la aberrante “convivencia” que existe entre la humanidad y el mundo que la alberga.
En este contexto, Oaxaca es un Estado donde se presentan de manera individual cada una de las tres fases de la migración, siendo un Estado de origen, de transito y de destino. El primer supuesto, motivado por la insuficiencia de los aparatos gubernamentales, que los únicos indicadores que han logrado incrementar, son los de las defunciones, el desempleo, la marginación, la pobreza y el de sus cuentas patrimoniales. Es un Estado de tránsito debido a su privilegiada ubicación geográfica, situación que lo convierte en un paso obligado para quienes van al encuentro del otrora sueño, que ahora más parece pesadilla norteamericana y también mexicana. Es igualmente un Estado de destino, y no precisamente porque Oaxaca sea una entidad que ofrezca el ingreso a los índices mínimos de bienestar reclamados por la más esencial dignidad humana. Al contrario es una entidad donde se pisotea la dignidad de los migrantes de la manera más cruel que pueda existir, a través de formas inhumanas, atroces, brutales, perversas y hasta sanguinarias, como la violación –física y psicológica-, la intimidación, el asalto, la extorsión, el secuestro, el asesinato y la trata de personas –explotación sexual y laboral-, entre otras prácticas humillantes que son ya,  lo cotidiano para quienes transitan por el maravilloso y al mismo tiempo peligroso territorio oaxaqueño.
Es cierto que todas estas, son parte de las nuevas modalidades de la delincuencia organizada, a fin de ampliar su campo de acción, de posicionarse en un nuevo territorio en disputa, de encontrar otras alternativas ante la mentada “lucha contra el crimen” emprendida por el gobierno federal, o escuetamente, mejorar sus utilidades a través del negociazo que representan los migrantes.
Sin embargo todo esto no sería posible sin la complicidad de las autoridades federales, estatales y municipales, que participan por omisión o comisión, en la ejecución de todas estas vejaciones.
Muestras hay muchas. Ahí está la red de complicidades que han tejido los agentes del INM y los agentes de la PF, asignados en el Istmo de Tehuantepec, para -según sea su conveniencia-,  facilitar o dificultar el tránsito de indocumentados,  está también, la insolencia del gobierno del Estado de Oaxaca, ante la solicitud de condiciones mínimas de seguridad para los migrantes en su ruta por el entidad, o las tropelías y atropellos que comete la “ignorante autoridad” de Ciudad Ixtepec, a todos los migrantes -por su sola condición de migrantes- que acuden a aquella ciudad para refugiarse en el albergue “Hermanos del Camino”, dirigido por el Padre Alejandro Solalinde Guerra, un hombre por demás notable, que ha emprendido una lucha muy valiente –y sin precedentes- en la defensa de los derechos humanos, al grado de poner en riesgo su  propia integridad física y su vida, en su avidez de justicia para los migrantes, en su mayoría centroamericanos.
Ante este desempeño del Padre Solalinde, resulta inadmisible que, una vez más, intereses oscuros intenten desprestigiar a quien atinadamente ha logrado entorpecer el engranaje que existe detrás del tráfico de personas.
Por ello es que, Alejandro Solalinde, que para algunos no es más que el Padre que ofrece servicios católicos, y para otros simplemente es el coordinador regional del Ministerio de Movilidad Humana de la CEM (Conferencia del Episcopado Mexicano), es para muchos guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses, el héroe que los ha rescatado de las siniestras garras de la corrupción y la delincuencia, y que además ha revitalizado sus deseos por alcanzar mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.
PUNTOS SUSPENSIVOS: DESNUDADO…“Para mi justicia es que destituyas a ese señor que está a tu izquierda.”, “Para mí justicia es que metas a la cárcel a la prima de tu esposa”, “Mira, yo voté por ti porque pensé que eras una buena persona… y mira lo que pasó”. Patricia Duarte. (Madre de uno de los pequeños fallecidos en el incendio de la Guardería ABC)
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