* Sin temor a equivocarme, el mejor contralor de los recursos aplicados a obras públicas en materia de infraestructura carretera, es la naturaleza.
Alejandro Leyva Aguilar
Sin temor a equivocarme, el mejor contralor de los recursos aplicados a obras públicas en materia de infraestructura carretera, es la naturaleza.
Las lluvias han encuerado la asquerosa corrupción en la obra pública carretera en el estado, no solo de lana estatal, sino también en lo que respecta a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Ejemplos hay muchos pero baste decir que las carreteras Oaxaca-Puerto Escondido, Oaxaca-Pochutla, Oaxaca-Tuxtepec y Oaxaca-Istmo, están afectadas en alto grado por las recientes lluvias registradas en practicamente todo el Estado.
La carretera que comunica a el Vidrio con Juquila, es practicamente intransitable, lo mismo que la carretera Copalita- Santa María Huatulco, aquella que se abrió en el sexenio de Murat y que construyó presuntamente una empresa propiedad de Juan Díaz Pimentel, un médico.
El Manzanal-San Agustín Loxicha, una brecha pavimentada que construyó Diódoro Carrasco después de la aparición del Ejército Popular Revolucionario (EPR) en Huatulco, hoy está deshecha, a pesar de que, presupuestalmente, ya se construyó unas cuatro veces.
El boulevard de entrada a Santa María Huatulco, presenta severos deterioros por las lluvias y es latente ahí, el grado de corrupcion porque mientras un lado del trazo, se encuentra aún conservado, el otro, que le fue asignado a la constructora de los hermanos Gurrión, justamente en épocas de Murat, es hoy intransitable.
Me pregunto si este nuevo gobierno de “transición” hará algo al respecto. No solo que arregle definitivamente los tramos carreteros, sino también que finque responsabilidades a esas empresas tranzas que los construyeron, como en el caso del Boulevard de Santa María Huatulco o la ampliación de Santa Rosa Pueblo Nuevo en Oaxaca que también ya es intransitable.
De sobra sabemos que los materiales con que se construyeron esos tramos carreteros que hoy ya no existen, como el de Pluma Hidalgo, no fueron de calidad, que los presupuestos se inflaron hasta reventar y que la ganancia para -tal vez- funcionarios públicos relacionadon con Caminos y Aeropistas de Oaxaca y la Secretaría de Obras Públicas, debió ser suficiente como para que las supervisiones favorecieran a las constructoras.
Trasladado este punto al aspecto político, la ciudadanía dirá que las porquerías las construyó el PRI y tendrá razón. Pero se les olvida que fue el PRI de Diódoro, el PRI de Murat, el PRI de Gabino el que participó en esas licitaciones y el que cobijó a empresas y empresarios como los Gurrión que le han quedado mal a infinidad de municipios y siguen ahí, sin pagar por sus ilícitos, tal vez porque a nadie le conviene denunciarlos.
Y esos mismos actores políticos hicieron presencia en el triunfo de Gabino el cuatro de Julio. Ahí estaban los ladrones de Diódoro y los ladrones de Murat, alzándole la mano al “gobernador electo” y esperando que Gabino les tire el hueso para seguir tranzando al erario público. No tengo que decirles quiénes estaban ahí, ya ustedes los conocen.
Como reinvindicarse? Pues fácil. A la ciudadanía y a mi, nos gustaría que todos aquellos, polïticos o empresarios que le hayan robado un peso a Oaxaca, reciban su castigo y reitero que si la intención de jusntar tanta y tan dispar ideología, fue erradicar la corrupción, pues entonces Gabino está obligado a hacerlo.







