* “La última Guelaguetza” eschuché decir a un presentador de noticias radiofónicas ayer martes por la tarde. El tipo, hacía referencia a la última vez que Ulises Ruiz Ortiz, asiste a la máxima fiesta de los oaxaqueños investido como gobernador.
Alejandro Leyva Aguilar
“La última Guelaguetza” eschuché decir a un presentador de noticias radiofónicas ayer martes por la tarde. El tipo, hacía referencia a la última vez que Ulises Ruiz Ortiz, asiste a la máxima fiesta de los oaxaqueños investido como gobernador.
Sin embargo para aquél, era la última guelaguetza, como aduciendo que con el gobierno del PRI, también acaba la fiesta indígena más importante de latinoamérica. Nada más alejado a la realidad histórica de Oaxaca y de México.
La Guelaguetza es una celebración que está más allá de ideologías políticas, credos religiosos o clases sociales; está excenta de cuotas y cotos de poder, de vaivenes de la bolsa de valores o fluctuación del peso frente al dólar; más allá de decisiones de la Asamblea Estatal del Magisterio o boicots de grupos belicosos y radicales como la APPO.
Más allá de sexenios, de gobernantes, de senadores o diputados, presidentes municipales o funcionarios menores o mayores de cualquier gobierno. Es LA FIESTA, NUESTRA FIESTA y por eso debemos cuidarla porque representa nuestra cultura y nuestra tradición que por generaciones ha impresionado al mundo.
Pero no faltan las voces oaxaqueñas que todo lo enredan y todo politizan. Si a este sexenio se le ocurrió hacer 4 presentaciones en vez de 2, entonces es un gobierno que atenta contra nuestra tradición. Y si se le ocurrió incluir una feria del mezcal entre lunes y lunes, también es un atentado contra nuestras costumbres.
Aquellos detractores de las decisiones del gobierno ulisista respecto de la Guelaguetza, deberían de preguntarle a los hoteleros y restauranteros sobre la derrama económica que representa esa sola decisión, ya no digamos la exitosa feria del mezcal que se sumó a la fiesta de fiestas.
Imagino que la ex secretaria de turismo Beatriz Rodríguez debe estar bien contenta por esa decisión, pero deben estar más contentos quienes en esos días, tuvieron trabajo y la posibilidad, invaluable de llevar el pan a su casa con el producto de su trabajo.
Esta celebración, la ultima del gobierno de Ulises Ruiz, se hizo en una sede diferente al auditorio construido ex profeso por razones muy obvias relacionadas con la irracionalidad de los profesores, pero ni es un agravio a la cultura y a la tradición, ni es para siempre.
La sede original de la Guelaguetza, no era el auditorio, ni el cerro del FortIn, sino la loma donde actualmente está el templo del Cármen Alto y las fiestas como a la fecha, tenían relación con los festejos de la Vïrgen del Carmen.
Así que es más agravio tratar de boicotear la fiesta como hace el magisterio y la APPO, que cambiarla de sede. Es más agravio tratar de adjudicarse un nombre como Bani Stui Gulal, que techar el Auditorio para brindar un poco de comodidad al visitante y sería un retroceso tratar de regresar a las dos presentaciones de antes, me cae.
Creo que el Gabinete de Gabino, trae la encomienda de desaparecer todo proyecto que huela a URO, aunque sirva y por eso es posible que regresemos a las dos presentaciones en 2011, asi como Gabino regresará al Palacio de Gobierno que se mantuvo solo durante el sexenio pasado y que a partir del próximo año, volverá a mantenerse del Gobierno.
Imagino que el gobernador electo, ha viajado a Europa por ejemplo y se ha dado cuenta que Palacios históricos, donde vivieron reyes, duques y archiduques, hoy son museos u hoteles y su cuidado y mantenimiento lo pagan los mismos inmuebles con sus rentas, porqué en Oaxaca eso es un agravio cultural?
Ojalá Gabino no se deje llevar por el hígado y pueda hacer de SU Guelaguetza, la fiesta más bella que Oaxaca haya tenido jamás, sin boicots magisteriales, sin amenazas de la APPO, sin diatribas estériles por los derechos de autor de un nombre… También está obligado a eso.







